Planetario Galileo Galilei

Museo

Infantil

El ícono futurista de Palermo que invita a mirar el cielo desde Buenos Aires. Un planetario y museo interactivo dedicado a la divulgación de la astronomía, con espectáculos inmersivos bajo una cúpula de 20 metros de diámetro.

El ícono futurista de Palermo que invita a mirar el cielo desde Buenos Aires. Un planetario y museo interactivo dedicado a la divulgación de la astronomía, con espectáculos inmersivos bajo una cúpula de 20 metros de diámetro.

Historia

El Planetario Galileo Galilei nació de la idea de acercar la astronomía a la vida cotidiana de Buenos Aires. A fines de los años cincuenta la Ciudad impulsó la construcción de un edificio dedicado a mirar el cielo, y en 1962 comenzaron las obras en los Bosques de Palermo. La esfera y las columnas que lo sostienen le dieron enseguida un aire futurista, distinto a todo lo que lo rodeaba.

El edificio se inauguró en 1966 y la primera función astronómica se realizó en 1967, sobre una cúpula de veinte metros de diámetro. Con su proyector estelar, sus maquetas del sistema solar y piezas únicas como el meteorito de Campo del Cielo, el Planetario se volvió rápidamente un lugar de iniciación científica para chicos y grandes.

Con el paso de las décadas, el Planetario fue actualizando sus equipos y sus espacios. Incorporó sistemas digitales fulldome, renovó butacas, sumó un museo interactivo y áreas de exposición. Entre obras y puestas en valor, mantuvo siempre la misma misión: ofrecer desde Buenos Aires una ventana clara hacia el universo.


El Planetario hoy

El Planetario hoy ofrece funciones inmersivas bajo la cúpula, experiencias fulldome, observaciones con telescopios, visitas guiadas, talleres para infancias, cursos para jóvenes y adultos y actividades especiales en fechas astronómicas, combinando ciencia, juego y tecnología para todo tipo de público.


Su importancia patrimonial

El Planetario es parte del patrimonio de Buenos Aires porque ofrece un espacio dedicado a explorar el universo desde la ciudad, acercando la astronomía al día a día de cualquiera. Generaciones de estudiantes, científicos, docentes y familias pasaron por su cúpula para aprender a leer el cielo, reconocer estrellas y seguir misiones espaciales sin dejar el barrio. Su arquitectura futurista y su agenda de funciones, cursos y observaciones lo convierten en un ícono urbano y en una puerta siempre abierta a la curiosidad científica.

Historia

El Planetario Galileo Galilei nació de la idea de acercar la astronomía a la vida cotidiana de Buenos Aires. A fines de los años cincuenta la Ciudad impulsó la construcción de un edificio dedicado a mirar el cielo, y en 1962 comenzaron las obras en los Bosques de Palermo. La esfera y las columnas que lo sostienen le dieron enseguida un aire futurista, distinto a todo lo que lo rodeaba.

El edificio se inauguró en 1966 y la primera función astronómica se realizó en 1967, sobre una cúpula de veinte metros de diámetro. Con su proyector estelar, sus maquetas del sistema solar y piezas únicas como el meteorito de Campo del Cielo, el Planetario se volvió rápidamente un lugar de iniciación científica para chicos y grandes.

Con el paso de las décadas, el Planetario fue actualizando sus equipos y sus espacios. Incorporó sistemas digitales fulldome, renovó butacas, sumó un museo interactivo y áreas de exposición. Entre obras y puestas en valor, mantuvo siempre la misma misión: ofrecer desde Buenos Aires una ventana clara hacia el universo.


El Planetario hoy

El Planetario hoy ofrece funciones inmersivas bajo la cúpula, experiencias fulldome, observaciones con telescopios, visitas guiadas, talleres para infancias, cursos para jóvenes y adultos y actividades especiales en fechas astronómicas, combinando ciencia, juego y tecnología para todo tipo de público.


Su importancia patrimonial

El Planetario es parte del patrimonio de Buenos Aires porque ofrece un espacio dedicado a explorar el universo desde la ciudad, acercando la astronomía al día a día de cualquiera. Generaciones de estudiantes, científicos, docentes y familias pasaron por su cúpula para aprender a leer el cielo, reconocer estrellas y seguir misiones espaciales sin dejar el barrio. Su arquitectura futurista y su agenda de funciones, cursos y observaciones lo convierten en un ícono urbano y en una puerta siempre abierta a la curiosidad científica.

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